LA MISMA COSA

Carmen está en busca de un lugar donde derramar eso que le sale de la boca.

Sin temor, porque no hay nada que temer -¿quién lo podría negar?-, es sólo muerte.

Carmen tiene un ojo rojo, de conejo, con una forma recortada que significa el cielo. Una traba en la lengua, una tara en la mente, una tarea pendiente. Un problema: está muy sola. Y esto implica, casi siempre, muchas cosas… Todas malas, en general.

El alma de la fábrica tiembla como gelatina: son las máquinas que funcionan sin descanso. Carmen fue operaria allí diez años atrás. Entraba a trabajar de noche y salía también de noche, y recién ahora es capaz de recordar aquella época sin ponerse a llorar. Ahora sonríe.

El sótano marrón de su casa siempre está a oscuras. Las siluetas y las sombras bailan sobre la pared cuando los faroles de algún auto que pasa por la callecita de enfrente iluminan súbitamente el interior. Es su lugar preferido en toda la casa, allí duerme, de hecho, y a veces imagina que una luz se asemeja a una flor y otra parece un planeta sin sol, otra recuerda a unos amantes cualquiera y otra a una pastafrola rancia con moscas alrededor.

Carmen piensa que debería volver alguna vez a visitar su antiguo trabajo, cantar y bailar entre las máquinas, llenar de besos al anonadado gerente, quitarse la ropa y nadar en aceite.

Justo ayer recibí un mensaje de Carmen que decía: “Te invitaría a venir, aunque quizás pienses que mis ideas son fantasías, que no existen, que está todo en mi imaginación. Pero yo no podría inventar todo esto, no soy tan inteligente. ¡Tengo una traba en la lengua, una tara en la mente, una tarea pendiente! Y a veces no sé salvarme ni del mal ni del amor. Porque a veces son los dos la misma cosa. La misma cosa.”



Marina Melantoni © Todos los derechos reservados.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

LA ESCLAVA TILES

POEMA # 58.794.924,588

RENI DI, EL INCLUSIVO